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Batumi, en Georgia, renace gracias al turismo

BATUMI, Georgia - Batumi, un balneario de Georgia en la costa del Mar Negro, fue alguna vez un lugar sombrío: las calles surcadas de hoyos, los hoteles infestados de ratas y con escasa electricidad y agua. Hoy es una dinámica y pujante metrópoli con comercios, hoteles y restaurantes.

Incluso hay planes de construir una fuente que vertirá vodka.

La transformación de esta ciudad en esta antigua república soviética es un ejemplo claro de sus esfuerzos por desarrollar el turismo como una fuente de ingresos, algo vital para una población de 180.000 habitantes en la que una de cada cinco personas vive en pobreza.

El gobierno ha atraído a grandes inversionistas extranjeros, inclusive al estadounidense Donald Trump, para construir hoteles y desarrollar y renovar sitios turísticos. Y ha lanzado una gran campaña publicitaria para exhibir a Georgia como una meca del turismo.

La campaña no sólo enfatiza las riquezas geográficas de Georgia _ el Mar Negro, los Cáucasos, las antiguas ciudades _ sino también la esencia de la cultura georgiana: la hospitalidad. Este es un país donde rechazar una invitación a una vivienda para comer es considerado un grave insulto, y negarse a brindar con una copa del vino tradicional puede atraer reproches como "¿Acaso no me respetas?"

"Desafortunadamente Georgia no tiene muchos recursos naturales _no hay petróleo, no hay gas_, así que lo que ayuda al país a crecer económicamente es la inteligencia de la gente y el turismo", declaró el alcalde de Batumi, Robert Chkhaidze, en una entrevista con la AP.

Añadió que "para nosotros es un honor tener a un huésped; todo huésped es Dios".

En el 2003 Mijaíl Saakashvili ascendió al poder en un levantamiento popular y convirtió al sector del turismo en una pieza clave de la economía georgiana, que hoy en día comprende el 7,1% del PIB, comparado con 3,4% en el 2004.

En el 2001, los poblados a lo largo del Mar Negro, los centros de esquí como Gudauri y Bakuriani, la región vinícola de Kakheti y otras atracciones turísticas generaron 2,8 millones de dólares, casi ocho veces más que en el 2004.

Los ingresos por turismo de han disparado de 176 millones de dólares a 938 millones de dólares, según cifras de la industria.

Queda por ver si el actual primer ministro, el billonario Bidzina Ivanishvili, continuará desarrollando el sector del turismo, pero los efectos de la campaña ya se han hecho evidentes, y ejemplo de ello es Batumi.

Hoy en día, el centro de la ciudad se parece mucho al de cualquier poblado costero europeo, con viñedos sobre las calles, vibrantes cafés y estruendosas fuentes de agua. La silueta de la población cuenta con hoteles de renombre internacional como Sheraton y el Hilton, y muchos más se están construyendo, inclusive una Trump Tower de 47 pisos. De noche, Batumi se prende en luces y hasta las palmeras quedan iluminadas.

La ciudad tiene ahora su propia "piazza", adornada con una enorme torre-reloj y parecida a las plazas de las ciudades italianas. También se está construyendo una fuente que emanará chacha, el vodka georgiano hecho a base de uvas y que se podrá tomar gratis, aunque sólo en copas pequeñas. Hay decenas de boutiques e incluso una clínica de cirugía plástica.

Los hoteles nuevos han generado miles de empleos para los graduados del recién creado instituto de hotelería y turismo, un cambio esperanzador en un país donde el desempleo alcanza el 16%. Han abierto sus puertas varios restaurantes y cafés que ofrecen el manjar local conocido como kachapuri, una tortilla cocinada con yema de huevo, queso y mantequilla.

Y aunque hay algunos que toman con escepticismo las cifras del gobierno sobre el auge del turismo, no cabe duda que ha aumentado pues son evidentes los visitantes en las playas y restaurantes. La mayoría vienen de otras ex repúblicas soviéticas como Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Armenia y Azerbaiyán, pero a menudo también se escucha en las calles el inglés y el francés.

Oksana Dovrenova, de 40 años, vino a Batumi con su hija Damira Rakhmanova, de 15, desde Kazajstán. Fue la primera vez que veían el mar.

"La gente aquí es muy agradable, muy cálida, siempre te dan la bienvenida; hacen un buen trabajo", comentó Dovrenova mientras tomaba sol en la playa.

Shi Tang, de 29 años y quien trabaja como gerente de ventas en una estación de radio en Turquía, dijo que regresará a Batumi _que calificó como "una ciudad europea"_ con sus amigos.

"Este es un buen lugar, buen mar, buena playa, gran cantidad de iglesias", comentó Shi.

La gente de Batumi la llama "la ciudad del amor" y las autoridades han erigido varios monumentos para hacerle honor al nombre, como una estatua de un hombre arrodillado frente a una mujer, ofreciéndole un corazón de color rojo. Incluso tienen abierto un registro de casamiento civil las 24 horas del día, para que toda pareja se pueda casar a la hora que desee.

"Muchas familias se han creado a partir de unas vacaciones en Batumi", dijo el alcalde Chkhaidze con una sonrisa.

Pero queda mucho por hacer. A unas cuadras del centro hay calles con hoyos, edificios dañados y ropa interior secándose en algún balcón. Los habitantes locales se quejan de la escasez de agua y el salario promedio es de 300 dólares mensuales.

"La gente sigue teniendo dificultades, pero la situación está mejorando", opinó Marina Soselia, una doctora de 57 años en Batumi.

A pesar de los problemas, a los turistas siempre se les da la bienvenida.

En una tarde reciente, un taxista se dirigió a la pareja que se estaba montando en su vehículo y les declaró: "la próxima vez que vengan les mostraré unos lugares tan lindos que no van a querer irse". Inmediatamente otro taxista, que escuchó la conversación, le amonestó: "¿Y por qué no los mostraste esta vez? Tal vez si se los hubieras mostrado no estarían yéndose".

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Contribuyó a este reportaje Misha Dzhindzhikhashvili, corresponsal de la AP en Tiflis, la capital de Georgia.

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